Tomate el tiempo para conocer a tus hijos


Las madres son las personas que conocen a sus hijos más que nadie. Recuerdo una ocasión en que le hice una sorpresa a mi mamá e hice todo lo posible para que ella no supiera que fui yo. Ella, luego de la sorpresa, se me acercó y me dijo: “Fuiste tú, porque yo te conozco”. Ese “te conozco” al que ella se refería, era profundo. Era un “te conozco porque he pasado mucho tiempo contigo, porque he tomado tiempo para observarte y para saber que cosas te gustan y que cosas te desagradan; te conozco porque he compartido momentos importantes contigo: tanto tus tristezas como tus alegrías. Sé quienes son tus amistades, conozco que clase de gustos tienes por la comida; la manera en que amas a las personas y tratas a las personas, en fin, ese “te conozco” que mi mamá expresó me impactó profundamente. Me dejó saber que ella había estado pendiente de mí, me dio a entender que, aunque quizás yo no me hubiera dado cuenta, ella se había tomado el tiempo para conocerme.

Ahora que soy mamá me doy cuenta de lo fundamental que es tomarnos el tiempo para conocer a nuestros hijos. ¿Cómo lo hacemos? Tomándonos el tiempo (intencionalmente) para hacerlo. Vivimos en una sociedad que va de prisa. Una sociedad habituada a mantener relaciones superficiales. Llegamos a pensar que ver a una persona a diario y decirle “hola” es conocerla. Lo mismo pasa con nuestra familia. Sin darnos cuenta llegamos a pensar que el simple hecho de vivir todos bajo un mismo techo nos da el conocimiento suficiente para decir “yo conozco a mis hijos, yo conozco a mi esposo”. Sin embargo, cada vez más son los padres que no conocen de manera verdadera a sus hijos. Necesitamos invertir tiempo en fortalecer nuestra relación con nuestros hijos. Si queremos tener una mejor relación con nuestros hijos, necesitamos estar ahí para ellos; no solo de manera física, sino presentes también en nuestra mente y en nuestras emociones.

¿Cómo saco el tiempo para conocer a mis hijos? Aquí te comparto algunas ideas prácticas y sencillas.

  • Diariamente. Procura tener un tiempo para estar con ellos. El tiempo que tengas, por más mínimo que parezca. No tengas celulares ni dispositivos a la mano. Este es un tiempo para ustedes: para contemplarse, reír, abrazarse y llorar si es necesario. Es un tiempo para conocerse.

  • Semanalmente. Planifica alguna actividad familiar. Dentro o fuera de casa: una salida para caminar y tomar aire, una noche de juegos de mesa, un tiempo de lectura familiar. Cualquier actividad que todos disfruten.


  • Mensualmente. Programa una cita con uno de tus hijos. Llévalo a su restaurante favorito o hazle su plato preferido en casa. Este tiempo es para él, conversen, mírense a los ojos, escúchalo. Hazle sentir que ustedes (como sus padres) están ahí porque les importa su relación y porque desean conocerle.

Necesitamos conocer a nuestros hijos y ellos necesitan conocernos a nosotros. Esto solo es posible cuando somos intencionales, y cuando nos damos cuenta de que no hay personas, o ministerio, más importante que nuestra familia. Es la voluntad de Dios que conozcamos a nuestros hijos y que invirtamos tiempo en ellos.


Que nuestro Padre celestial nos ayude a ser padres que reflejan Su corazón, para que en todo Su nombre sea glorificado.