Sé una hija que honre a Dios



Dios, desde antes de la fundación del mundo, había determinado quienes iban a ser nuestras madres. Él las escogió a ellas para que fuesen una de las más grandes e importantes influencias en nuestra vida. Todas hemos oído el mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” (Efesios 6:2-3). Es fácil leerlo, pero, ¿cómo lo aplicamos a nuestras vidas? ¿Cómo vivimos este gran mandamiento?


Si honramos a nuestros padres, honramos la palabra de Dios y honramos a Dios mismo. Así que:


Obedezcamos: Debemos tener un sentido de sumisión a nuestras madres. Es crucial que entendamos que Dios nos manda a someternos bajo su autoridad. La instrucción y la enseñanza del Señor a través de nuestras madres son como diademas de gracia para nuestras cabezas, y collar para nuestro cuello (Prov. 1:8-9). Al obedecer la enseñanza de nuestra madre, adquirimos sabiduría y gracia para vivir vidas agradables a Dios.


Amémoslas: Como ya hemos discutido, nuestras madres son uno de los seres que más nos aman. ¡Ese amor debe ser recíproco! Si Dios nos ha creado a Su imagen, debemos aspirar a ser como Él. A amar como Él ama a su iglesia; tomemos esa clase de amor como ejemplo. Que nuestro amor sobreabunde. Para amar a mamá tenemos que aprender a ponernos a un lado, de manera intencional, y observar detenidamente sus necesidades y servirles en esas áreas en que podemos ser de bendición para sus vidas.


Oremos: Nunca dejemos de orar. Oremos para que en todo lo que hagamos y para que en todos los aspectos de nuestras vidas podamos agradar y honrar a Dios. Oremos también por nuestras madres. Al ver la manera en que trabajan a diario nuestras madres, podemos reconocer que ser madre no es una tarea fácil, todo lo contrario, probablemente es uno de los trabajos más difíciles que existe. Así que oremos y presentémoslas al Señor para que en esta difícil tarea, puedan criarnos con amor y como jóvenes que aman y sirven al Señor. Dios responde cuando oramos amando a nuestras madres.

Que en toda nuestra vida, seamos hijas que amemos y honremos a nuestras madres, y a nuestro Señor Jesucristo.