Hablando de temas difíciles con Mamá


Los temas complejos son difíciles de hablar con cualquiera, especialmente con nuestras madres. Siempre tenemos en la parte de atrás de nuestras mentes el no querer decepcionarlas o hacerlas sentir que han fallado en nuestra crianza. Por mi parte, esos pensamientos los tuve en varias ocasiones. Pero a veces se nos olvida que como hijas, una de las personas que más nos ama en este mundo son nuestras madres. Ellas quieren saber lo que estamos pensando y por lo que estamos pasando.

Recuerdo una conversación sumamente difícil que tuve con mi mamá. Luego de casi 5 años en la universidad, había decidido que eso no era para mí. Estuve meses tratando de encontrar las palabras adecuadas para decirle lo que sentía. Fueron tiempos llenos de mucha incertidumbre, mucha ansiedad y hasta depresión. Suponía que decirle a mi mamá que ya no me gustaba lo que estaba estudiando, le causaría un sentimiento de decepción en mí. ¡Reflexionar en eso me aterrorizaba! Pero después de tantos meses de pensar en qué decirle, tuve la valentía de contarle lo que estaba en mi corazón. ¿Cuál fue su respuesta?

“Tanto tu papá cómo yo, siempre estaremos para ayudarte y apoyarte en lo que podamos. No nos decepciona tu decisión, reconocemos tu valor al dejarnos saber cómo te sientes. Y, por el contrario, vivimos orgullosos de ti y de la joven en la que te has convertido. Dios te bendiga y dirija tu camino. ¡Así que tranquila! ¡Te amo!”

Mi mamá me ha dicho que me ama innumerables veces. Pero en esa ocasión, puedo decir que hasta sentí que se me había escapado el aire. A veces subestimamos el amor, la paciencia y el cariño que tienen nuestras madres con nosotras. Pensamos en el “qué dirán”, y se nos olvida que ellas solo quieren que vivamos una vida feliz y agradable delante del Señor.


Ahora, esto no significa que nuestras madres nunca se enojarán con algunas decisiones que tomemos, o que estén de acuerdo con todas las cosas que hagamos. Al contrario, ellas siguen siendo humanas, al igual que nosotras, y tienen sentimientos de enojo y tristeza. Pero es importante que nosotras como sus hijas les brindemos esa confianza, para que cada vez que enfrentemos una situación difícil, podamos ir hacia ellas en completa transparencia y nos ayuden a enfrentar esas situaciones.


Es mi oración que Dios siga obrando en nuestros corazones para que, durante la difícil etapa de la juventud, confiemos y aprendamos de nuestras madres. Y cuando sea nuestro turno, podamos brindarle la misma calidad de amor y confianza a nuestros hijos.