El creyente fiel se distingue: por lo que huye y por lo que persigue



2 Timoteo 2:22 Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro.


En una carrera de 100 metros, el corredor da lo máximo para llegar cuanto antes a la meta. La carrera es en línea recta; es una prueba de velocidad. Pero no es así en un maratón. En el maratón se requiere resistencia, porque se lucha de manera constante con el cansancio del cuerpo, y se lucha con obstáculos externos al corredor, obstáculos que él mismo no puede controlar, sino solamente esquivarlos y huir de ellos cuanto antes para continuar en su esfuerzo de llegar a la meta.


Semejante al maratón es la vida del cristiano fiel. En su peregrinación por esta tierra se le requiere que huya constantemente de las pasiones pecaminosas y seducciones del mundo (obstáculos internos y externos), y que persiga con esfuerzo las cosas que representan la meta de Dios, la voluntad y propósito de Dios.


La vida del cristiano fiel, del obrero de Dios, se distingue por aquellas cosas de las que huye ―evita o elude―. Pablo vuelve a usar esta misma palabra en 1 Corintios 6:18, donde comienza diciendo: “Huyan de la inmoralidad sexual.” Te acuerdas de José, el hijo de Jacob, cuando la esposa de Potifar intentó seducirlo para que se acostara con ella, ¿qué hizo José? Dice la Biblia en Génesis 39:12 Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió.


Los hijos de Dios, constantemente, estamos huyendo de las pasiones, palabra que en este contexto hace referencia a la lujuria, lascivia o deseo (pecaminoso). En Gálatas 5:16 la misma palabra se traduce como los deseos de la carne (naturaleza pecaminosa). Debemos ser sobrios, estar alertas y velar, en oración, para no ser seducidos por el pecado (Mt. 26:41); y debemos llenar nuestros corazones y mentes con la Palabra de Dios; atesorando la Palabra de Dios en nuestro corazón, para no pecar contra Él (Salmo 119:11).


La vida del cristiano fiel también se distingue por aquellas cosas que sigue. Esta palabra hace referencia a esforzarse por hacer algo, realizar algo mediante un esfuerzo intenso y para alcanzar una meta. Por un lado, huimos, por otro lado, seguimos con un esfuerzo intenso y persistente aquellas cosas que representan el reino de Dios aquí en la tierra: justicia, fe, amor y paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro.


Los obreros de Dios, nosotros, la iglesia, debemos distinguirnos como aquellos que pertenecemos y representamos al Señor Jesucristo. Nuestra vida debe marcar, con fuerza, el hecho de que luchamos y nos dedicamos a buscar aquellas cosas que honran el nombre de Jesucristo, que es a quién invocamos y es a quién servimos.