El afecto es importante


El consejo que voy a darles hoy, es el más difícil para mí. He tenido que luchar mucho a través de los años y hacerme consciente de que debo demostrar el amor a través del contacto físico. No crecí en un hogar donde el contacto físico fuera el primer lenguaje para demostrar el amor. Y no quiero que me malinterpretes, en mi hogar me dieron amor (y mucho), a lo que me refiero es que no crecimos dándonos muchos abrazos, besos, palmadas en la espalda; ni diciéndonos todo el tiempo palabras de afirmación y de cariño.


Cuando me casé, lo hice con un hombre que creció en un hogar donde el afecto físico era sumamente importante (demasiado, para mi experiencia). Recuerdo que mis primeros años de casada se me hacía muy difícil aceptar tener un esposo tan cariñoso. Debo confesar que muchas veces hasta me molestaba que el fuera tan efusivo. Para mí, no era normal tener una persona detrás de ti, todos los días, diciéndote: "te amo", "te extrañé hoy", etc. ¡Me sentía asfixiada! Yo no entendía que el contacto físico es una de las voces más fuertes del amor. Grita: "¡Te amo!". Y yo lo necesitaba.


Nuestros hijos tienen la misma necesidad. Ellos necesitan sentir nuestras caricias, nuestros abrazos, besos y otras expresiones de cariño. Ellos necesitan escuchar todos los días: "¡Te amo!". Hoy lo veo en mis hijas. Ellas necesitan tener una mamá que les muestre amor. No solo teniendo una casa limpia o llevándolos a la iglesia. Necesitan una mamá que les muestre afecto físico.


Mi esposo, con mucha paciencia y sin darse cuenta (o tal vez fue intencional), me enseñó la importancia del afecto físico. Debo confesar que luego de diez años de estar casada no puedo pasar un día sin escuchar sus palabras, sin sentir sus abrazos y sus cariños. Y nuestras hijas han visto su ejemplo. Como resultado, son niñas que no tienen miedo a decir "te amo"; a dar un abrazo, y dejar que otros las amen.

El afecto es importante. Dios nos manda una y otra vez en Su palabra a amarnos los unos a los otros.

Y lo hace porque él sabe que nos hará personas más felices, más compasivas y más humildes. Mamá, ama a tus hijos. Dale todos los besos y abrazos que puedas, ellos son un regalo de Dios para ti.